Era se una vez un cuento al revés, la Bella y el príncipe encantado.
Bella se casó y cuenta se dio, que su príncipe estaba hechizado. Pues por las noches, el galán se hacia invisible y no se le veía ni el pelo. Aparecía pasada la madrugada dándole besos de hielo.
Bella aguanta su vida en pareja, mientras él le pega ella se aguanta y no se queja, porque cree que en su interior resucitará el amor y por eso no abandona a su Bestia.
Su pueblo es sordo y cruel. Las paredes de los pisos hoy las hacen de papel. Si grita el agresor cogen el mando a distancia y suben el televisor.
Siempre igual, con esa doble moral, cada uno en su casa y Dios en la de todos.
Márchate, corre Bella, escápate, que un pueblo cobarde no se toma la molestia de ser solidario y de luchar contra la Bestia.
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